Una vez leí a un gran poeta que definió la timidez como una doble capa de la piel. Y no recuerdo mucho más, salvo el arrullo de sus palabras, inabarcables para mi memoria. Esa melodía me ha acompañado durante años, desde que vencido de curiosidad decidí levantar la primera epidermis, quejosa de cicatrices y laberintos, y ciertamente apareció una película subcutánea, tersa y sedosa, donde sólo alcanzan las hemorragias internas. Esta segunda capa es muy húmeda, aún más porosa que la primera y se contrae con extrema facilidad. Tiene un sustrato altamente sensible, polarizado en millones de emulsiones, que se enrosca como una burbúja de membranas en todo el cuerpo. Por ella suelen discurrir lágrimas no derramadas, carcajadas contenidas, el sentido del ridículo o el rubor de hablar en público, pero si levantas suavemente la primera piel notas que la superficie cede un poco. Sigo sin recordar las palabras de Pablo Neruda, lo siento, pero aquellas líneas de alguna manera me han traído hasta aquí. Curioso, esta semana tenía cita con el dermatólogo y no he acudido.
Iglús sin Primavera
Hace 1 hora.
