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Entallada de soledades caminaba por la calle Larios. En sus andares resplandecían fermentos de esmaltes, destellos quebrados de aguja y un halo confitado de faroles atronadores. El conjunto electrizante tornaba su ebriedad en un sofoco de crepúsculo de feria de agosto. Desde el mediodía soleó el querer como una bandera expatriada, ajada y turbulenta, como si ahogarse en whisky fuera el único sumidero para restañar la ausencia. De puta conocía miles de trucos y fingidos menesteres, pero de mujer repudiada y amor en falso no había aprendido aún a reponerse.
5 comentarios:
"...Fermentos de esmaltes, destellos quebrados de aguja y un halo confitado de faroles atronadores."...¿qué habrás visto en el mundo vecino que traes la sensibilidad a flor de piel?. Siempre disfruto con lo que escribes pero aquí me quito el sombrero.
Me alegro de que estés bien, un beso, Lorenzo.
Siempre es un gusto reencontrarte, Carmen, desde ese pueblo tuyo también mío. Ahí sigo, muy vivo, retirando capas de la piel.
Me he asomado al odio y justo en su epicentro surgieron personas extraordinarias, muy justas y generosas. Me quedo con el valor de las personas desarmadas, sólo prestas para luchar con la palabra. Al miedo oponen la sensatez, el sentido común. Grandes seres humanos. Una alegría conocerles. Y celebro estar de vuelta en casa en paz.
Tenemos que vernos, quizá pronto en Chiclana. Besos.
Antes de entrar en tu blog tengo que prepararme mentalmente con tus acertadísimas metáforas y tu visión poética de la vida, así, como de reojo. Siempre me sorprendes agradablemente. ¡Qué envidia hijo mío!
.su relato me ha sofocado como un golpe de calor, encogiéndome como un vidrio en la forja. Jodo con lo corto si breve, si hasta tengo ese reseco que deja una noche de esas cuando el destino nos pone enfilando las mismas tascas de Cádiz.
magnífico relato, lorenzo, no dejas un segundo de respiro, hay que pararse bien a leer todo lo que muestran tus palabras... tremendas metáforas... te sigo siguiendo
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