Hay en el rendirse una espera disoluta del yo que no aguarda casi nada a cambio. Para ello se pliega cuidadosamente el ego, sin dobleces, y se archiva con el automatismo de un funcionario. Si alcanzamos esta proeza sin desgastarnos en quejas y hojas de reclamaciones estaremos listos para el siguiente paso: solicitar un esfuerzo liviano que posiblemente se aplazará a mañana, en el entretanto del a ver si luego y el bueno, ya veremos. Pensaba en estas líneas, el inicio de un nuevo relato, aunque dudaba si era el instante oportuno para cuentos o debía posponerlos como en visitas anteriores, cuando me levanté enojado de la silla.
-"Lo siento señorita, es la tercera vez que vengo a hablar con el jefe de servicio esta semana, a distintas horas, y nunca está en su despacho".
-"No se moleste, señor, es que siempre le pilla en el hueco de la mañana..."-respondió aleccionadora la secretaria.
3 comentarios:
Decía Buda: Ríndete y serás libre.
Es evidente que en su época no existía la administración de hoy, que incluso rindiéndote te esclaviza.
Ánimo y paciencia, no nos queda otra.
Un abrazo.
Al menos rendirte ha servido para inspirarte estas líneas...
saludos
A cada paso intenta uno dejarse vencer, aunque sea un poco, para no ser vencido del todo.
Vuestros comentarios, una alegría
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