Hay en el rendirse una espera disoluta del yo que no aguarda casi nada a cambio. Para ello se pliega cuidadosamente el ego, sin dobleces, y se archiva con el automatismo de un funcionario. Si alcanzamos esta proeza sin desgastarnos en quejas y hojas de reclamaciones estaremos listos para el siguiente paso: solicitar un esfuerzo liviano que posiblemente se aplazará a mañana, en el entretanto del a ver si luego y el bueno, ya veremos. Pensaba en estas líneas, el inicio de un nuevo relato, aunque dudaba si era el instante oportuno para cuentos o debía posponerlos como en visitas anteriores, cuando me levanté enojado de la silla.
-"Lo siento señorita, es la tercera vez que vengo a hablar con el jefe de servicio esta semana, a distintas horas, y nunca está en su despacho".
-"No se moleste, señor, es que siempre le pilla en el hueco de la mañana..."-respondió aleccionadora la secretaria.